Como bien dice el título de esta entrada, la mayor parte del
tiempo en el mundo del fútbol se trata de una relación entrenador-jugador y al
contrario, jugador-entrenador. Son muchas horas en las que se tiene que
compartir el tiempo y el espacio entre uno y otro. En los entrenamientos, en
las concentraciones, en el vestuario, en el post-partido e incluso en cenas y
comidas de hermandad del equipo.
Desde mi punto de vista futbolístico y por lo que he vivido en las
dos partes ya sea de jugador o de entrenador, hay tres tipos de relaciones:
La primera es la
cordial y respetuosa, es decir, la relación en la cual el entrenador manda y
actúa a sus anchas y el jugador obedece sin rechistar y hace las cosas lo mejor
que puede. Para mi es la más correcta y la que más beneficia al equipo. Ya que
no aparece ningún problema.
La segunda es la
tildada de "amiguismo" como yo le llamo, en la que el entrenador y el
jugador deciden aspectos del juego y de los entrenamientos como si fueran
amigos. Normalmente el jugador suele ser uno de los mejores del equipo y quiere
hacer y deshacer para sus intereses personales. A veces funciona y el equipo se
ve beneficiado y en otras ocasiones el equipo sufre esta relación.
Y la última y la
más destructiva es cuando el entrenador y el jugador no se llevan bien por
diferentes motivos, el principal motivo suele ser que el jugador no acepta las
decisiones del míster y empieza una campaña contra éste mismo y afecta al
equipo negativamente, ya que normalmente estas relaciones vienen acompañadas
con discusiones, plantones e incluso posiciones agresivas entre los dos
personajes inmiscuidos.
También puede ser que al míster no le caiga en gracia un jugador y
no cuente con él y esto haga llegar a la mala relación cuando el jugador no
acepte más su situación y con motivos.
En cada una de las
tres relaciones podría poner ejemplos que vemos en el fútbol profesional, pero
no lo voy a hacer, lo dejo para vuestra imaginación.
Viva el Fútbol.
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